
Portar un abrigo ante un calor interminable: la importancia del pelaje en el husky con una perspectiva desde el bienestar animal y el cambio climático
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Fue en uno de esos días sumamente calurosos, en los que a la garganta se le ofrece refrescarse para aliviar la efervescente temperatura del cuerpo, cuando se me ocurrió darme una vuelta por el centro de la ciudad y elegir algún lugar que ofreciera un termorregulador apropiado para la sed que tanto me agobiaba. Elegí finalmente un pequeño café de fachada amarilla y blanca que contaba con mesas y sillas en su exterior, así como con la afortunada posesión de una lona que protegía a los clientes del sol. Me senté sin pensarlo en una de las mesas redondas y esperé a que alguien me rescatara de una inminente deficiencia de líquidos.
A las cinco de la tarde me encontraba ya aliviado por los tragos bien mesurados que le daba a un modesto cóctel que no quería que se acabara. No fue sino Claudio Gonzáles quien me arrebató del pequeño oasis que disfrutaba cuando vi que junto a él caminaba un husky a pasos agigantados y sacudiendo el denso abrigo característico de la raza. Caminaban ambos con el descuido de quien se supiera dueño de la luz. Me vio sentado, con la mitad del trago en la mano y levantándose los lentes de sol, me llamó alegre.
—¿Qué andas haciendo tan al norte? —Me preguntó mientras se acercaba con su lanudo amigo.
—Tenía el día libre y también sed. Veo que tienes compañía —Claudio alzó ligeramente la correa con la que iba atada Camila, la husky de tres años que no parecía inmutarse ante el calor de esa tarde—; le tendí la mano y, con la gracia de una dama cortesana, lamió con cuidado el dorso de mi mano. Camila jadeaba con tranquilidad; tenía calor, como era evidente, pero el ritmo de su respiración no parecía acelerado. ¿Por qué no se sientan un rato? —Les dije. ¿Tienen algo que hacer? —Claudio asintió y agradeció la invitación, advirtiendo que no quería retener a Camila demasiado tiempo frente al calor. Ella se echó a modo de esfinge a los pies de la mesa.
Tras la frecuente plática inicial acerca de nuestros rumbos recientes, Claudio no pudo resistirse y preguntó: —Oye, ya que estamos aquí, quería preguntarte algo.
—Dale —le dije—, pero me tiene que invitar otro de estos —agité el vaso whiskero bromeando. Claudio, agradecido por la broma, afirmó con un ademán caballeroso y prosiguió con su inquietud.
—Estamos acostumbrados a salir a pasear como a esta hora, al menos unos 30 minutos, pero ahorita los calores están terribles y no sé si, por ser un perro de clima frío, le pueda pasar algo a Camila. Trato de no sacarla más temprano porque es cuando más calor hace por la tarde, pero ahorita todavía es un infierno.
En cuanto trajeron la siguiente ronda de bebidas, en el mismo momento en que él le ofrecía agua en un plato plegable a Camila, inicié mi explicación:
Sabemos que los huskies son una raza criada y seleccionada genéticamente para enfrentar la tempestad del invierno; con registros, aparentemente, de más de mil años de antigüedad, que dan fe de la presencia del husky en Siberia como can de trabajo y de tiro. Con el paso de los años, el husky se volvió muy popular en Estados Unidos y de ahí se fue distribuyendo por América, hacia el sur.
Actualmente, aquí en México, ya no es raro encontrarse huskies caminando al lado de sus dueños o, incluso, huskies en estado de abandono, vagando por las calles desprovistas de sombra de la Ciudad de México y la zona metropolitana, llenos de polvo y bajo el sol que no tiene piedad.
Uno inicialmente pensaría que sería el equivalente a ver a una persona caminar con un abrigo grueso bajo el sol de verano, y la idea más inmediata sería quitarle el abrigo para que se refrescara. Y es que, aunque esta raza de perro sí tiene como propósito soportar muy bajas temperaturas, como las de Siberia, su capa de pelo no solo le ha ofrecido una alta tolerancia al frío, sino que los mecanismos de termorregulación que le brinda su espeso pelaje también resultan vitales a la hora de vivir o exponerse a entornos cálidos y con altos índices de rayos ultravioleta (UV).
El denso pelaje del husky está compuesto por dos capas: una interna y otra externa. La capa interna está compuesta por un pelo denso y suave, que funciona como aislante térmico y le permite mantener temperaturas estables alrededor del cuerpo; en este sentido, cuando hace frío, el calor se conserva más fácilmente y, en tiempos de calor, la capa mantiene estable, por medio del intercambio de calor (convección térmica), la temperatura alrededor del cuerpo sin elevarse demasiado. En cuanto a la capa externa, es larga y áspera y funciona como barrera contra los rayos UV, si bien es cierto que los fotones de luz no son capaces de atravesarla por completo, dado su grosor y extensión. Las zonas con pelaje escaso, como la del abdomen, o aquellas desprovistas por completo de pelaje, como los ojos, continúan desprotegidas de la radiación UV.
Pensando en las virtudes adaptativas que el pelaje del husky le confiere, considerar la opción de quitarle su preciado abrigo es totalmente inadecuada, sin importar el lugar donde esté o la temperatura ambiental. La apariencia engaña y uno creería que lo requieren, sobre todo en lugares de clima cálido o temporadas de calor, pero no se podría estar más errado, pues quitarle al husky sus capas de pelo implicaría dos cosas importantes: en primera, los mecanismos de termorregulación que otorga el pelaje no podrían llevarse a cabo y comprometerían la temperatura corporal del animal, predisponiéndolo a golpes de calor o desregulaciones metabólicas severas; y en segunda, la piel quedaría por completo desprotegida, lo que implicaría lesiones en la piel (quemaduras y dermatitis solares) o, pensando en los peores escenarios, el desarrollo de cáncer en el tegumento (melanomas, carcinomas de células escamosas, entre otros) ocasionado por la radiación solar.
Ahora, ya sabiendo lo importante que es para el husky su abrigo, hay que tener en cuenta algunas consideraciones que no solo deben aplicarse al husky como raza, sino también a otros animales de compañía y hasta a nosotros mismos. Conocer el tipo de perro que tenemos como compañero de vida es importante; cada raza tiene sus propios requerimientos y atenciones y, por muy adaptados que puedan estar, llevarlos al límite bajo circunstancias ambientales contraindicadas, como dar caminatas durante las horas más calurosas del día, no proporcionar agua suficiente durante el ejercicio, mantener a los perros sin sombra demasiado tiempo o no proporcionarle enriquecimiento como apoyo para regular su temperatura, afectará la salud del can.
Confiar por completo en su poderoso pelaje y no reconocer que, como tutores, tenemos la responsabilidad de brindarles una vida plena y libre de estrés supone un riesgo para ellos. Desde la perspectiva de Una Sola Salud, los animales de compañía se han convertido en una entrañable parte de la vida diaria, tanto individual como colectiva. Vivir en comunidad con ellos requiere un cuidado integral, rasgo mucho más importante ahora que enfrentamos crisis globales, como el exacerbado incremento de las temperaturas a causa del cambio climático, situación que nos perjudica a todos y cada uno de nosotros, desde los tutores que pasean con sus perros en las ciudades hasta toda la fauna y flora desentendida por completo del gran problema global que padecemos y que hace lo posible por adaptarse a la transformación.
Con el alza de las temperaturas en todo el mundo, y en particular en las regiones cálidas, cuidarse y cuidar de los demás de los cambios térmicos y de la luz solar se vuelve una responsabilidad para mantener la salud y los estados adecuados de bienestar. En este sentido, tener bajo nuestro cuidado animales de compañía como un husky requiere mayor atención a las precauciones ambientales, como elegir las horas más frescas del día para las caminatas, llevar y proporcionar siempre agua para nuestro compañero —y para nosotros—, no llevar al límite el esfuerzo físico cuando el calor sea demasiado, darle mantenimiento al pelaje con cepillados frecuentes y baños en los momentos indicados, proporcionar enriquecimiento ambiental en casa o durante los paseos que estimulen cuerpo y mente y, de ser posible, brindar soporte térmico en condiciones ambientales extremas.
Como cualquier otro perro de compañía, el husky revela en su conducta y comportamiento sus necesidades, que son, en parte, reflejo del lugar donde vive y de su estado de salud. Por ello, prestar atención a conductas de termorregulación como el jadeo, el consumo excesivo de agua, la búsqueda constante de sombra o el reposo en lugares húmedos nos puede indicar la respuesta de nuestro compañero a las circunstancias meteorológicas del tiempo, lugar y época en los que vive y, en consecuencia, actuar para asegurar su salud y bienestar, cuidando los nuestros al mismo tiempo. Y, desde luego, deshacernos por completo de la idea de quitarles el abrigo a quienes nacieron con él.
Claudio miraba con suspicacia a Camila después de escuchar la explicación, que, por su extensión, bien pudo haber sido un informe, mientras Camila le devolvía la mirada muy atenta y jadeando. Me quedé callado unos segundos y le di el último trago a mi bebida. Claudio me miró y, avergonzado, se talló la frente.
—Qué bueno que me topé contigo hoy. Con tanto calor, ya había comenzado a considerar cortarle todo el pelo.
La tarde había avanzado y el aire se percibía ya más bien fresco. Claudio le dio una palmada a Camila, anunciándole la continuación de su caminata, y me agradeció por haberse ido con el asunto más esclarecido, prometiendo no tocarle un pelo a Camila.
Se levantó insistiendo en pagar el trago prometido, pero me negué y le confesé que nada me dejaba con mejor sabor de boca que saber que estaba dispuesto a enfrentar el efervescente calor junto con Camila. Me sonrió, resignado, y avanzó junto con la husky, que le acompañaba hacia donde el sol, poco a poco, se desvanecía.
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