
Curitas para Animalitos: la labor de un veterinario que ofrece servicios a personas de bajos recursos en la Ciudad de México
¿Cuál es el objetivo principal de Curitas para Animalitos?
Tania: Buscamos brindar atención médica preventiva a los animales sin tutor para que cuenten con una mejor calidad de vida, incluso en su situación. Entendemos que no todos los animales pueden tener un hogar, pero podemos ayudar a que su vida sea lo mejor posible dentro de sus limitaciones. Ofrecemos vacunación, desparasitación, esterilización y consulta. No solo vamos una vez: damos seguimiento en su ubicación y vigilamos la salud del animal.
¿Qué los llevó a fundar una asociación dedicada a la defensa del bienestar animal y a ofrecer servicios a bajo costo?
Miguel: No lo elegí; simplemente ocurrió. Principalmente pasó por Tania. Yo ya había trabajado con refugios y con personas ajenas a la medicina institucionalizada. Lo que nos llevó a formalizarlo fue un gato que rescatamos. Me dijeron en muchas ocasiones que tenía que cobrar y respetar la profesión, pero no todas las personas tienen los recursos necesarios para pagar un servicio veterinario.
Tania: Al inicio no tenía idea de que la medicina veterinaria podía ser accesible. Ayudar a un animal era muy difícil. Para los tutores, por ejemplo, podía equivaler a sacrificar una salida al cine durante tres meses. Poco a poco descubrimos que si cubríamos parte de los insumos, era posible ayudar a más animales.
¿Cómo han conseguido que más médicos veterinarios se unan?
Miguel: Se han sumado indirectamente. No es tan raro que los médicos veterinarios comprendan la importancia de brindar atención. Cuando les cuentas del proyecto, se involucran más y ofrecen más apoyo. Por ejemplo, contamos con un médico en la colonia Narvarte que nos apoya con ecografías, radiografías y análisis de laboratorio. Es muy difícil y, con recursos limitados, resulta complicado hacerlo por cuenta propia.
¿Tienen algún filtro o requisito para que personas interesadas o médicos veterinarios puedan unirse al proyecto?
Tania: No, por el momento no existe ninguno. De hecho, nos encanta que las personas quieran formar parte y apoyar desde sus medios.
Actualmente, ¿cuántos animales atienden por semana y qué es lo que más encuentran en las calles o de parte de las personas que solicitan su servicio?
Miguel: Nos enfocamos mucho en los gatos, a pesar de que hay más perros en situación de calle. Para atender a los gatos nos llaman más las personas, posiblemente porque tienden a ser más invasivos y eso propicia que tengan mayor visibilidad. En promedio, atendemos entre seis y siete animales por semana. Esto se debe, principalmente, a que en la actualidad solo contamos con un espacio reducido y dos personas fijas en el proyecto. Además, como el proyecto aún no es autosustentable, dedicamos las tardes y los días de descanso a trabajar en él.
Fuera de la entrevista hablábamos sobre el muesqueo y su importancia. Platícanos, Miguel: ¿qué es el muesqueo y qué función tiene?
Miguel: En Estados Unidos se le llama TNR, por Trap-Neuter-Return, que podría traducirse como capturar, esterilizar y devolver. Consiste en apoyarse en trampas o en dardeo para capturar al ejemplar y realizar la esterilización. Una vez concluido este proceso, se realiza el muesqueo, que consiste en cortar la punta de la oreja izquierda del ejemplar para evidenciar que está esterilizado. En muchos casos, estos animales son ferales y la manipulación es compleja y conlleva riesgos. Entonces, si alcanzas a notar que tiene esta marca, probablemente está esterilizado.
Miguel, me comentabas que, de hecho, en un proyecto en Europa están sustituyendo la técnica de muesqueo por otra. Platícanos un poco.
Miguel: En Europa, una de las cosas que se utilizan con animales comunitarios es un arete de identificación para indicar que el animal está siendo atendido, que está esterilizado y que está vacunado. Esto ayuda a mantener un mejor control de los animales comunitarios y de las zonas donde habitan. Nosotros, en algún momento, estamos considerando implementarlo aquí. La idea detrás de Curitas, en parte, es esta: que todos esos barrios que tienen a ese perro o gato que vive en la zona y que todo el mundo conoce —animales que son de todos, pero no son de nadie— puedan recibir ayuda: es decir, tenerlos identificados, saber dónde están y poder atenderlos.
También me comentaban que habían ganado un concurso para Curitas. ¿Me podrían platicar un poco sobre eso?
Tania: Participamos en la convocatoria Juventudes Autogestivas para la Transformación, un proyecto del INJUVE en el que se brinda un estímulo económico y seguimiento para que los proyectos avancen. Nos entregaron un estímulo de quince mil pesos, con el cual esperamos comprar una mesa con soporte para atender a nuestros pacientes.
Algo que observamos es que la mayoría de los proyectos son artísticos y culturales. Buscamos proyectos que estuvieran haciendo algo similar al nuestro y no encontramos ninguno. Aun así, algunos participantes nos ofrecieron apoyo con diseños, ilustraciones y publicidad. Esto nos ayuda porque se empieza a crear una red de apoyo con otras personas. Estamos pensando en volver a participar en este y en otros concursos para conseguir más financiamiento para el proyecto.
¿Qué planes tienen para expandir el proyecto en el futuro?
Tania: Al inicio, gran parte de este servicio dependía de lo que podíamos aportar; es decir, lo subsidiábamos y no nos pagábamos un sueldo. Lo que ganábamos con empleos independientes lo usábamos a menudo para sostener el proyecto. A largo plazo, esto no es funcional: el proyecto se iba a morir en algún momento porque no podemos seguir sacrificándolo todo. Así que actualmente estamos evaluando la implementación de servicios para la población general y las estrategias de captación de fondos. Estamos escalando esta parte para poder ser una donataria autorizada, junto con la transparencia necesaria para mostrar en qué usamos los recursos, porque no podemos seguir pagándolo solo nosotros ni dedicarle tanto tiempo. Nuestros días libres siguen siendo días de trabajo sin descanso. Estamos tratando de implementar una economía sustentable para seguir ayudando a las personas y evitar que esto muera en el momento en que nos cansemos.
¿Cuál consideran que es el mayor problema para tutores y animales de compañía de bajos recursos?
Miguel: Creo que se podría resumir muy fácilmente: el acceso a la información. Es muy común que el tutor llegue con un prediagnóstico de Dr. Google, lo que no solo fomenta que intente tratar al animal en casa y que su condición empeore, sino que también vuelve más complejo que lo que le digas tenga credibilidad. El detalle aquí es la falta o el exceso de información.
¿Qué es lo más gratificante de esta aventura que está por cumplir dos años?
Miguel: La recepción. Que las personas mostraran interés en buscarnos, donar y apoyarnos fue lo que nos dio más gasolina para seguir. Es muy cansado y desgastante. No es nuestro único empleo y no cobramos. Que la gente quiera apoyar el proyecto nos da ánimo para continuar.
Tania: A veces estamos muy cansados y pensamos: “ya no debemos hacerlo”. Entonces nos hablan, nos cuentan el caso, prestamos el servicio; a veces son consultas pequeñas, atención o vacunas. Pero ver que esa persona no habría recibido ayuda de otra manera nos ayuda a seguir.
Siento que a veces es difícil para las personas porque no tienen la posibilidad de trasladarse ni de enterarse de alguna campaña.
Miguel: Más allá de eso, en las campañas te piden INE, CURP o algún tipo de identificación. Hay personas que no saben leer ni escribir y no tienen acceso a esta información tan básica. Incluso piden el RUAC (Registro Único de Animales de Compañía).
Hablando del RUAC, sabemos que ha generado controversia porque piden muchos datos personales y el trámite es 100% digital. Esto aparta a este segmento marginado de la población; además, por norma te solicitan que el animal, para ser identificado, lleve ese número. ¿Cuentan con algún control para determinar si las personas son de bajos recursos?
Miguel: Por poner un ejemplo: el día que estuvimos en el festival Matchcota Fest hubo una gran cantidad de personas, pero dos destacaron entre todas las demás. Una de ellas se nos acercó. Era una persona en situación de calle, con rastas; al solicitarle su registro, nos pidió ayuda porque no sabía leer ni escribir. Podría decirte que tal vez esa persona no había desayunado en todo el día, pero su perro estaba perfecto, y ese es justo el tipo de persona a la que buscamos acercarnos. Lo estoy llevando al extremo. A lo que voy es que tener animales de compañía no tiene que ser un privilegio.
¿Qué debe tener un refugio para colaborar con ustedes, sobre todo porque cada vez hay más personas que intentan rescatar animales y a veces no cuentan con las condiciones adecuadas para hacerlo?
Tania: En ese sentido, también nos ha costado trabajo a nosotros. Debemos estar conscientes de hasta dónde podemos llegar, centrarnos en lo que sí está a nuestro alcance y conocer nuestros propios límites.
Miguel: Hay una línea muy curiosa entre ayudar y simplemente cederle el problema a alguien más. Creo que es una de las cosas que hacen que los refugios funcionen de manera tan deficiente. Por ejemplo, si encuentran un animal en la calle y lo publican en redes sociales para que alguien lo adopte, eso no ayuda en nada. Publicarlo solo genera la idea de que alguien irá por él y, en muchas ocasiones, nadie va.
Miguel: Otro ejemplo: hay un refugio en el que colaboro y, si buscas los comentarios en Google Maps, casi todos señalan que la directora regaña a las personas. Lo que pasa es que la mayoría de las llamadas al refugio son de personas que dicen: “Encontré un perro, ¿te lo puedo llevar?”. La respuesta es: “No”. Creo que la gente olvida que refugiar a un animal implica alimento, rescate, agua, luz, alojamiento, medicación y atención. Es un inquilino más. Es un gasto; sí, se puede hacer; sí, pero rescatar no es recogerlo y llevárselo a alguien más para que pague por su atención. En parte, por eso los refugios están tan saturados. Ese refugio tiene capacidad para 100 animales, pero hay más de 200. Finalmente, el problema no son los animales; el problema es pensar que ayudar consiste en recoger al animal y dejar el problema en manos de alguien más.
Creo que parte del problema también es la falta de conciencia social: no dimensionar que un animal no es un obsequio. Me refiero a esas fechas típicas de regalos, como Navidad, el Día de Reyes, el 14 de febrero o el Día de las Madres. Ahora, ¿qué les dirían a estas personas? ¿Qué implica obsequiar un animal de compañía?
Tania: Es difícil porque muchas personas no querían recibir, por ejemplo, un perro, y tú vas y se lo regalas. Hay que concientizar que ese animal va a comer, que tendrás que hacerte cargo de su limpieza, que tal vez no tienes el tiempo o la disposición y que, al final, puede convertirse en una carga.
Miguel: Es entender que un perro chico vive 15 años; un perro grande, 10 o 12; y un gato en buenas condiciones, 20 o 22 años. De animales no convencionales mejor ni hablamos: algunas aves viven hasta 50 años; una tortuga o un reptil bien cuidado puede vivir 30 años. Regalar responsabilidades es complicado; es un compromiso a largo plazo. Además, hay muchas variedades y razas para todas las personalidades. Adoptar animales adultos casi siempre es una buena idea, porque ya tienen desarrollada su personalidad y su tamaño definitivo. Los cachorros son una moneda al aire. Regalar animales implica responsabilidades, y abandonarlos genera problemas. Sonará feo, pero si no regalarías a un niño, no regales animales, porque ambos son responsabilidades, ambos implican un gasto y es difícil tenerlos.
Para finalizar, ¿qué mensaje le darían a la sociedad sobre el cuidado de sus animales de compañía?
Tania: Muchos problemas se pueden prevenir con la vacunación, la esterilización y la desparasitación. Llevarlos a control permite identificar a tiempo cosas que muchas veces las personas no saben que están presentes. La prevención es clave.
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