
De duelos, sillones rotos, años nuevos y nuevos comienzos
Del duelo y el primer contacto
El padre de Alejandra se encontraba buscando un nuevo peludo por medio de la adopción. Hasta ese momento, sin éxito: solicitudes rechazadas, mensajes enviados sin respuesta y múltiples trabas. Hasta que un día, navegando en redes sociales, apareció Ragnar en adopción: un pequeño mestizo cuya madre había sido encontrada en situación de calle, gestando a dos futuros cachorros. Uno de ellos, nuestro protagonista del día de hoy: Ragnar.
El padre de Alejandra no tardó en agendar una cita con la cuidadora temporal que, en ese momento, ofrecía en adopción a Ragnar. Para sorpresa de todos, la cuidadora no acudió sola a la cita en casa de Alejandra. En medio de la reunión, en sus brazos, apareció ese cachorro de ojos brillantes: Ragnar. La aprobación fue instantánea. Y ese cachorro que había llegado en brazos con la esperanza de ser adoptado no volvería a estar solo, había encontrado su hogar.
Pero no todo fue miel sobre hojuelas al comienzo. Un cachorro con mucha energía y una propietaria en duelo no parecían la mejor combinación. Alejandra, al principio, no podía ni verlo sin comenzar a llorar. El recuerdo de su anterior compañero la invadía una y otra vez.
De compañeros y travesuras
Los perros siempre encuentran la manera de sacarnos una sonrisa y Ragnar no fue la excepción. Poco a poco, con risas robadas y travesuras espontáneas, este pequeño vikingo se ganó el cariño de Alejandra, quien pasaba la mayor parte del día con él debido a su trabajo de home office. Desde mirarse al espejo y ladrarse a sí mismo, hasta acompañarla en todo momento, Ragnar y Alejandra se volvieron inseparables.
Adiestrando a un vikingo
El nombre de Ragnar, el vikingo, no lo recibió ni por tanteo ni casualidad, lo recibió por un personaje de ojos azules muy particulares de aquella famosa serie. Pero no era lo único que tenían en común, ya que ambos destruían todo, absolutamente todo. Ragnar rompía sillones, tenis, tareas y apuntes escolares, papelería… básicamente, todo lo que se encontrara en medio de su camino. Era como si los mismísimos dioses vikingos hubieran librado una feroz guerra y el campo de batalla fuera la casa de Alejandra. Fue entonces cuando Alejandra y su familia tomaron la decisión de llevar a Ragnar a clases de adiestramiento canino, con la esperanza de calmar a este pequeño saqueador.
El primer grado: comandos básicos
Siete meses de entrenamiento, de aprender codo a codo y de entenderse el uno al otro. Porque el adiestramiento canino no solo se trata de dar indicaciones, sino también de comprender —nosotros, como propietarios— a nuestro compañero. Con trabajo duro y un gran esfuerzo, hoy Alejandra puede sentirse orgullosa de Ragnar. Ese vikingo que le robó el corazón cuenta ahora con adiestramiento básico en obediencia, socialización y agility, y continuará con sus próximos dos módulos: intermedio y avanzado.
Una feliz Navidad y Año Nuevo
Si bien Ragnar, hoy en día, ya no es el vikingo de ojos azules, rebelde e incomprendido que alguna vez fue, la energía, el optimismo y la alegría que lo caracterizan siempre estarán presentes. Y este será el primer año en que Alejandra y su familia podrán disfrutar de una temporada decembrina sin la preocupación de que este Santa de 2 años, con alma de vikingo, devore los regalos debajo del árbol. Y ese, probablemente, sea el mejor de los regalos en estas fechas: un perro estable con unos dueños amorosos que no solo abrieron la puerta de su hogar a Ragnar, sino también sus corazones. ¡Felices fiestas!
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