
¡Ni una pulga más! Y mucho menos garrapatas
Julieta acaba de adoptar a un gatito anaranjado de tres meses de edad, al que llamó Picasso. Es juguetón, alegre y es el amo y señor de los sillones y las cortinas. Dos semanas después, Julieta nota cambios en Picasso: se ve cansado y no quiere jugar. Desde que llegó, es notorio que ha perdido peso y se rasca de forma continua. Algo raro está pasando, así que lo lleva al veterinario y, sorpresa, ¡tiene anemia!
Como si Picasso fuera protagonista de una historia de terror, tiene todo su cuerpo infestado de una pulga y una garrapata que se alimentan de su sangre. Las pulgas son insectos y las garrapatas son arácnidos, ambos adaptados a vivir a expensas de su anfitrión, en esta ocasión, Picasso. A esto se le conoce como ectoparasitosis. Básicamente, son organismos que desarrollan parte de su ciclo de vida en la superficie de otro, llamado huésped, y se alimentan de éste. El problema no es sólo que consuman la sangre del huésped, sino las enfermedades que ocasionan a los animales de compañía. Las garrapatas, por ejemplo, son muy resistentes a las condiciones climáticas, succionan la sangre del huésped de forma prolongada y transmiten enfermedades muy peligrosas. Las pulgas, por otro lado, dejan picaduras que ocasionan comezón, irritación de la piel, molestias y también pueden transmitir enfermedades; además, son capaces de depositar hasta 50 huevos al día, con lo cual una infestación puede propagarse rápidamente si no se toman precauciones.
Julieta pensaba que su gato Picasso, por vivir en la ciudad, no corría riesgo de infestarse de pulgas y garrapatas. Pero ambos ectoparásitos son cosmopolitas: se adaptan a diferentes regiones y entornos, y con el calentamiento global las garrapatas han extendido incluso su territorio. Aunque el riesgo aumenta en zonas boscosas o con hierba alta, cualquier perro o gato puede ser víctima. Sin tratamiento, las consecuencias son graves: desde anemia por pérdida de sangre, hasta enfermedades como dermatitis alérgica, parásitos intestinales como Dipylidium caninum, babesiosis, ehrlichiosis, hepatozoonosis o Lyme, que afectan su calidad de vida y pueden provocar fiebre, pérdida de apetito, sangrado nasal, fatiga, e incluso la muerte.
Al salir, los perros suelen olfatear o frotarse en bardas o pasto; los gatos callejeros o con acceso al exterior también exploran rincones donde hay riesgo. Por eso, es importante que, al volver a casa, revises el pelaje de tu perro y, en el caso de los gatos, lo más recomendable para ellos es tener enriquecimiento ambiental dentro del hogar.
Si tu peludo ya tiene pulgas, consulta al médico veterinario para elegir el tratamiento más adecuado. Él te recomendará el producto veterinario conveniente; existen pipetas, shampoos, jabones, comprimidos y collares repelentes. Algunos eliminan parásitos al contacto; otros les brindan protección por meses. Es muy importante que sigas las instrucciones del fabricante. Lo que es benéfico para algunos, puede ser perjudicial para otros.
Finalmente, una buena alimentación no sólo mejora su pelaje y energía: también es su primera línea de defensa contra enfermedades. Los alimentos Premium y Super Premium están formulados con ingredientes de alta calidad, ricos en proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales que fortalecen el sistema inmunológico. Esto ayuda a que el organismo de tu mascota responda mejor ante amenazas como los parásitos externos. Además, estos alimentos tienen mayor digestibilidad —hasta el 90%—, lo que significa una mejor absorción de nutrientes y menos desechos. Recuerda: una mascota bien alimentada está más protegida, es más activa y vive más tiempo con bienestar.
Una mascota sana es una mascota feliz.
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